El balance en nuestra predicación – temático vs. expositivo

¿Que voy a predicar este domingo? ¡Señor ayúdame! ¡Le he dado tantas vueltas a la Biblia y no se ni que predicar!

Estoy casi seguro que todos los que predicamos la Palabra de Dios hemos experimentado esta situación por lo menos en alguna ocasión de nuestra experiencia ministerial. En ocasiones no sabemos que predicar. En ocasiones no sabemos con que vamos a alimentar al pueblo de Dios.

La gran pregunta es – ¿Cuál debe ser el método para predicar la Palabra de Dios? ¿Qué clase de sermón es ideal para alimentar al pueblo de Dios?

Se dice que existen varias clases de sermones – textual, expositivo, temático, narrativo, doctrinal, etc… Podemos agregar muchos otros nombres que se le dan a las clases de sermones.

Algunos dicen – solo expositivo, otros dicen solo textual, otros dicen solo temático.

Hoy quisiera animar a mis hermanos predicadores que realmente no importa el nombre que se le da a la clase o forma del sermón. El sermón eficaz tiene ciertas características:

  1. Basado en la Palabra de Dios
  2. Ayuda al pueblo de Dios a comprender la Palabra de Dios
  3. Exhorta al pueblo de Dios y a los incrédulos a tomar una decisión y llevarlos a Cristo

Por lo cual llámese textual, expositivo, temático, narrativo, doctrinal – el sermón solo será eficaz cuando cumple estos propósitos.

Algunos predican sermones “expositivos” que solamente son un comentario verbal del pasaje Bíblico. Es como si dieran una clase de Escuela Dominical. Dan información pero no penetran el corazón del hombre para conducirlos a Cristo. Son proveedores de información y datos Bíblicos pero no heraldos del santo Evangelio.

Otros predican sermones temáticos y solo usan los pasajes de la Biblia como piedras en medio de un riachuelo. Los versículos son las piedras que el predicador usa para llegar de un lado del riachuelo al otro. Son solamente para apoyar al predicador. El predicador los lleva a muchos pasajes, se apoya en varias citas Bíblicas. La congregación busca las citas – pero al final fueron tantas citas, fueron tantos versículos que no se explicaron, no se profundizó en ninguno de ellos de tal manera que el alimento fue bastante liviano.

Pienso en varios predicadores – Spurgeon (nunca aprobó el sermón expositivo), John MacArthur (ha predicado casi todo el Nuevo Testamento en forma expositiva a lo largo de sus 40 años de ministerio), Martín Lloyd-Jones (gran predicador que profundizaba en series doctrinales), etc… Podría nombrar a otros más. El punto es que lo que los hizo grandes en el ministerio no era la forma del sermón ni siquiera el método, su personalidad en el pulpito, ni siquiera la forma del bosquejo – lo que los hacia grandes hombres detrás del pulpito es su fidelidad a la Palabra de Dios.

Hoy en día nos enfocamos más en métodos, en sistemas, en formas pero muy poco nos enfocamos a profundizar en la Palabra de Dios. No llevamos al pueblo de Dios a las profundidades de la Palabra donde encontraremos tesoros en su santa Ley.

El predicador de la Palabra, de acuerdo al don que Dios le ha dado, será siervo de la Palabra. Podrá predicar un sermón temático – tal vez lo llamará el “Los pactos de Dios”. Nos llevará al pacto que hizo Dios con Adán, con Abraham, con Noe, con David y nos mostrará como en cada uno de ellos Dios hace promesas a los hombres y como nunca ha fallado a su Palabra bendita. Nos mostrará la fidelidad de Dios. Nos mostrará como Dios es fiel a su pacto aunque nosotros seamos infieles.

Tal vez, el predicador tomará el primer versículo de la Biblia – “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1) y desarrollará las doctrinas de la singularidad de Dios, la creación de Dios, la Santísima Trinidad y llevará a la creación a confiar en todo momento en aquel que creó todo lo que existe. Si Él hizo todo lo que existe cuanto más tendrá el poder de cuidar de cada uno de sus hijos.

Cuando yo escucho un sermón no estoy pensando – Ah…muy bien – es expositivo – hmmm…es temático, no me gusta. De ninguna manera. Siempre y cuando el predicador me lleve a ver la gloria de Dios, me lleve a ver mi necesidad de Dios, me muestre la grandeza y gloria de Cristo – se que seré alimentado. ¡De otra manera, lo que acabó de decir en el pulpito no fue más que una charla porque una charla no produce en el hombre estos resultados – eso solamente lo puede hacer la proclamación del Evangelio de Cristo por el hombre de Dios!

“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Timoteo 4:1-2).

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